La primera sospecha surgió frente a una computadora. Estando en la casa de su novio en La Plata, ella encendió la computadora de él, como había hecho en otras ocasiones. Al revisar los archivos recientes, encontró una carpeta oculta que contenía fotografías y videos de contenido sexual. En un principio pensó que se trataba de imágenes de otras mujeres y asoció el hallazgo a una posible infidelidad; sin embargo, pronto reconoció su propio cuerpo en las grabaciones.

“Me empiezo a reconocer en las imágenes de los videos, me doy cuenta de que la de los videos y fotos era yo”, declaró posteriormente ante la fiscalía. Identificó su ropa, sus lunares y los horarios en los que ella y su pareja estaban juntos. Entre el material había videos de relaciones sexuales y fotografías de ella dormida, imágenes que desconocía por completo.
Las grabaciones se realizaron durante el año y medio que duró la relación, en el departamento de él, donde la pareja pasaba la mayor parte del tiempo. Las filmaciones tenían fecha, hora y visión nocturna. La mujer, de 31 años, rastreó dónde podía estar escondida la cámara. Recordó un reloj despertador que su novio, de 28 años, le había mostrado y que, según le había contado, había pertenecido a su padre y tenía un valor sentimental para él.
Tras buscar información en internet, confirmó que ese reloj tenía una cámara oculta incorporada. Llamó a una amiga, se contactó con su psicólogo y también acudió a la Línea 144. Desconocía cuántas imágenes más podía haber en la computadora y qué había hecho su pareja con ellas, por lo que continuó revisando.
“Todas esas fotos que encontré fueron tomadas sin mi conocimiento y sin mi consentimiento. Son fotos como robadas en mi momento de mayor indefensión”, declaró. Además, recordó que él insistía en que ella se quedara a dormir en su casa de La Plata y se molestaba si no lo hacía: “Me decía que yo era suya y yo eso lo escuchaba como broma, pero ahora me doy cuenta de que todo lo decía en forma literal”.
El contenido recopilado incluía también videos de otras mujeres y material descargado de OnlyFans. La investigación busca determinar si el hombre comercializó o difundió alguna de esas imágenes.
### Una conducta sin figura penal específica
El aspecto más innovador del caso reside en la respuesta judicial frente a una conducta que no cuenta con una figura penal específica. La Ley Olimpia, sancionada en 2023, incorporó a la Ley 26.485 la violencia digital como una modalidad de violencia contra las mujeres. Esta normativa contempla, entre otras acciones, la obtención, reproducción y difusión sin consentimiento de material íntimo o de desnudez, así como el acoso, las amenazas, la extorsión, el control, el espionaje y los accesos no autorizados a dispositivos o cuentas.
Sin embargo, reconocer esta conducta como violencia no implica que se constituya en un delito con una pena determinada. En ese sentido, el proyecto de la Ley Belén propone incorporar al Código Penal figuras específicas relacionadas con la obtención y difusión no consentida de material íntimo, los montajes pornográficos mediante inteligencia artificial y modalidades de extorsión vinculadas a dichos contenidos.
“Es un caso único en el país porque no está penalizado filmar a alguien sin consentimiento —explica Florencia Zerda a Clarín—. Estamos avanzando con una figura que no se usa mucho y puede sentar un precedente importante”. Zerda es la abogada de la víctima y fundadora de Gentic, una organización que brinda patrocinio legal gratuito a mujeres en situación de violencia de género.
En esta causa, la fiscalía buscó no solo sancionar la grabación clandestina, sino también el daño psicológico que provocó en la víctima descubrir que había sido filmada y fotografiada por la persona en la que confiaba.
La fiscal Mariana Ruffino, titular de la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N°13 especializada en Violencia de Género y a cargo de la investigación, relató que desde el primer momento pudieron advertir “las consecuencias que el descubrimiento había provocado en la mujer”.
“Después de su denuncia, fue citada para que aportara los elementos de prueba. Recuerdo que la primera vez que vino fue evidente. Tenemos mucha experiencia en género, hace once años que se creó esta fiscalía y hemos visto muchos casos y situaciones similares. Cuando esta chica vino, realmente se podía advertir el trauma que puede generar una relación violenta, una relación no sana, y de la que ella despierta de un día para otro al descubrir todo el material que él había copiado durante la relación”, señaló Ruffino a Clarín. Por ello, solicitaron una pericia psicológica para determinar si había indicadores de daño psíquico.
La evaluación concluyó que la mujer presenta un cuadro psíquico reactivo de magnitud grave, compatible con una afectación traumática vinculada con los hechos investigados. El informe describe pensamientos intrusivos, hipervigilancia, conductas evitativas, alteraciones del sueño, ansiedad persistente, temor intenso y una sensación de amenaza permanente, con consecuencias en su vida social, laboral y cotidiana.
Una amiga declaró ante la fiscalía que luego del descubrimiento “ya no es la misma”. La vio llorar, perder peso y permanecer en estado de alerta constante. Contó que, en una ocasión, en el gimnasio, alguien dejó un teléfono cerca de ella y se bloqueó al pensar que podían estar grabándola; en otra, una compañera de trabajo le sacó una foto sin avisarle, lo que también le generó angustia.
Para Ruffino, la intervención de los peritos fue fundamental para que la
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